Agresíón en un semáforo

Hace algunos años, hice un curso de Manejo de Situaciones Hostiles, M.S.H.. Fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Cuando terminé el curso, pude comprobar que mi universo perceptivo se había ampliado notablemente. Ya no iba por la calle o por la vida en forma inconsciente. Tampoco significa que me había vuelto sicótica acerca del peligro. Es que, las reacciones cambiaron, la percepción visual se amplió, la percepción intuitiva aumentó y lo que antes pasaba absolutamente desapercibido, comenzó a ser trasladado desde mi inconsciente hacia mi conciente automáticamente y a darme pequeñas señales de alerta. Lo que me sucedió hace algunos meses, fue un “accidente” delictivo de los más comunes hoy en día. Estaba parada en mi auto frente a un semáforo en rojo en una importante Avenida muy transitada de mi ciudad, cuando de pronto, por la ventanilla abierta del auto, apareció un muchachito, supongo que de unos veinte años, armado con un pequeño “corte”, pequeño pero largo, diciendo: “dame la cartera” (que yo, aunque ex alumna M.S.H., tenía en el suelo, pero visible). Bueno, tengo que contar lo que sucedió a partir de ese momento, porque de eso se trata, de dar testimonio, aunque si dijera cómo realmente lo viví, diría que fue un “flash”, todo en menos de un segundo. En el momento en que apareció y me amenazó un poco escondiendo su arma del entorno y dijo su frase “dame la car…”, yo me escuché gritando: “NO”, y vi mi mano pegando en su cuello (en la glotis más exactamente) y habiendo cambiado el ángulo y la posición de los dedos, nuevamente pegando en sus ojos con un buen impulso. Teniendo en cuenta que yo estaba sentada adentro del auto y en el lugar del conductor, apretada por el volante, cinturón de seguridad y demás, es interesante recordar cómo cayó mi “atacante” bastante lejos y sentado en la vereda luego de los golpes recibidos. Por supuesto, luego de mirarlo brevemente, puse primera y arranqué, pero nunca olvidaré su expresión de asombro y su cara de “¿qué me sucedió?”. Tampoco olvidaré nunca, que mi cambio de actitud frente a los temores y a la vida misma, se debe a la instrucción recibida, en lo físico y en lo psicológico, que, como andar en bicicleta, nunca se olvida, sino que queda incorporado visceralmente en la persona, listo para ser utilizado cuando la vida lo solicite.

Mercedes